
Otra vez. Otra vez volvimos a sentarnos en aquellos asientos, uno al lado del otro, sin querer rozarnos, sin querer mirarnos. Si hubiesen estado libres los asientos de mi izquierda o tu derecha, seguro hubiesemos optado por desplazarnos unos centímetros incluso. En el fondo seguiremos siendo unos niños pese a lo que diga nuestro DNI. Y tú mirabas al suelo, y juntabas las manos, las revolvías, buscabas algo que hacer entre estación y estación. Yo miraba mis piernas y nos contemplaba en el cristal y cada vez me recordaba más a la espera en la lavandería de Don y Ann, aunque los dos menos locos (no sé si más cuerdos). Sin querer sabernos, prefiriendo no hablar de nada mínimamente trascendente de ese vagón en el que el tiempo jugaba a detenernos y enfrentarnos. Y te miraba de reojo después de chocar mis ojos contra el cristal.Pero tú no parecías darte cuenta de nada o hacías como si no importara. Sé que sabías que importaba, que importaba demasiado como para mirarnos o decirnos cualquier gilipollez. Daba igual. Uno en cada extremo y en el cristal el reflejo de Ann y Don persiguiéndonos por los túneles de Madrid. Pero no había nada de que hablar. -"¿Te pasa algo?" -No -"¿Estás segura?" -Sí -"¿En qué quedamos entonces?" -No lo sé.

Pero yo no soy ninguna Ann.
No sería capaz de decir nada parecido a esto:
<< Que difícil... Pero me parece que aún es mas difícl quedarmelo para mí sola. Supongo que por eso lo hago. Tú siempre me preguntabas en que momento empecé a quererte. Empezé a quererte exactamente cuando llamaste para decir que me dejabas. De hecho fue en ese preciso momento quando olvidé el amor que sentía antes. Me olvidé de la ternura y... y el sexo... de tu lengua. Me di cuenta de que lo que había sentido antes no era más que el simple reflejo de lo que es el amor. Descubrí que no te había querido nunca. De repente pensé en aquella tortura que practicaban en Francia. ¿Sabes que hacían? Ataban las extremidades de una persona a cuatro caballos y los azuzaban en direcciones diferentes. Pues así es como me sentí. Así es como me siento. Ahora ya sé lo que es amar. Te amo con esa clase de amor que había rezado por sentir cuando era una adolescente y que ahora rezo por no volver a sentir. Nunca más. No lo sé. Sólo quiero que sepas cómo me siento. Y no, no te creas que lo que quiero es volver a intentarlo. No. Sólo... Sólo quiero que sepas como me siento. No quiero que tu sigas con tu vida sin saber cómo me siento. No lo soporto. En fin. Creo que ya está. [...] >>
Puede que tú si te parezcas a un Donn cualquiera. De todas formas sería yo la que esperaría en el hospital.
Al final, todo puede pasar, ¿no? No me gusta nada ese final.



