estrellas rosa fucsia flotando en tu garganta?".
Elena Medel. Mi primer bikini.
Volvía a tener aquella sensación como sabor a sábados nublados por la tarde cuando ella era pequeña. NUnca había llegado a comprender qué significaba aquella extraña... ¿Tristeza con dolor de estómago?, aunque era capaz de reconocerla pese a que de vez en cuando cambiase el día de la semana en que aparecía.
Aquel día, cuando se levantó y subió la persiana de su cuarto, se dio cuanta de que, efectivamente, el día estaba nublado y habrían bajado las temperaturas unos cuantos grados, como le había avisado su madre. Tras tres minutos con la vista fija en ningún lugar concreto del edificio de enfrente que se podía contemplar a través de su ventana, cayó en la cuenta de que quizás aquel día fuese a ser uno de esos de los de ¿tristeza con dolor de estómago? En ese tipo de días a Susana no le apetecía comer y pensaba que sería fácil ponerse a vomitar conejitos como decía Cortázar. Susana no tenía conejitos en su interior pero sí ganas de vomitar. Hubiese estado bien que Susana se hubiese puesto a vomitar los nervios acumulados que dos días antes había intentado expulsar llorando. Funcionó. Pero no era suficiente. Por eso quería vomitar, vomitar, vomitar ¿tristeza con dolor de estómago?. Nunca se le había dado demasiado bien vomitar. Tendría que buscar otra opción.
En los momentos como esos, Susana tenía la sensación de que se volvía pequeñita e indefensa, que volvía a tener tres o cuatro años y que necesitaba de un cuerpo al que abarzarse para temblar y berrear como una loca hasta quedarse sin voz. La diferencia es que mamá ya no le valía. Quizás Marcos o Isa...
En cualquier caso, se fue a la cocina y encendió el termo. Susana empezaría por una buena ducha. Después una peli acurrucada en el sofá y más tarde a lo mejor un batido de helado de chocolate con las chicas.
Pero Susana quería vomitar. Quería vomitar la ¿tristeza con dolor de estómago? de los sábado por la tarde cuando era niña. Ahora que ya no era tan niña y que era sábado por la mañana... Las cosas no habían cambiado tanto.



